Un billete de 20 euros para pagar una comida. Puede parecer un sueño en el Madrid de hoy, pero aún hay esperanza. Como si fueran Astérix y sus compañeras de la aldea gala, un puñado de opciones permanecen como posibilidades económicas en una ciudad a la que parece que los precios se le han ido de las manos. Guarda estos 7 (magníficos) sitios: te va a interesar ir. En este casi centenario restaurante (Paseo General Martínez Campos, 49) en el borde de donde Chamberí se encuentra con la Castellana se come muy bien. Pero solo a mediodía. Y de lunes a viernes. Ese es el horario de un local que abre para dar desayunos con su tortilla de patata y a mediodía hace que se formen colas para probar su menú del día a 13 euros. Las lentejas, el salmorejo y el pollo asado son algunas de las opciones más demandadas de un sitio que parece de otra época.
Más colas: las que aparecieron ante esta taquería (Alberto Aguilera, 19), inspirada en las de Ciudad de México, cuando abrió sus puertas durante el verano. Proyecto de una pareja joven, la fiebre parece haber remitido, por lo que es el momento para ir a probar sus tacos, muy auténticos, sin dejarse un pastón. Solo hacen alrededor de 300 al día y los venden a 4 euros cada uno, con lo que tranquilamente uno puede tomarse cuatro o cinco. El hit es el que se llama puerco, igual que el local, marketingmexico.net pero también tienen de carnitas o al pastor. Fideos anchos y largos que despiertan pasiones. Esta es la fórmula del éxito de Biáng Biáng Bar, que pone en primer plano esta receta de la región china de Xi’An. Su dueño, Lei Ling, ha conseguido desde que abrió en 2019 una clientela fiel que acude a sus dos ubicaciones (Pelayo, 8, y Vallehermoso, 36, dentro del mercado). Los precios de los fideos se mantienen entre los 13,90 y los 16,90, pero también hay entrantes como las alitas de pollo rellenas de pasta de gambas que no alcanzan los 10 euros.
Una de las sensaciones del año es el restaurante Fisgón (Edgar Neville, 39), con los chefs Carlos Monge y Néstor López al frente del proyecto. Cocina de toda la vida con su toque personal, en la que se rescatan recetas, algunas de ellas bastante olvidadas. Además del comedor, cuenta con una barra en la que se pueden probar muchas de sus especialidades en formato de receta o de unidad, con precios entre los 3 y los 7 euros. Una oportunidad de oro para probar su empanadilla de callos de la abuela, el huevo gildero o la ensaladilla abrandada de gamba blanca de Huelva. Otro restaurante emblemático en el que Paco García, que cocina como los ángeles, ejerce su magisterio a través de un menú del día imbatible. Al número 12 de la calle hay que acudir para probar, por 18 euros, el que es sin duda el menú del día más gastronómico de la ciudad. Solo hay que leer la carta de platos que preparan a diario: marmitako de bonito, acelgas de penca roja, congrio en salsa verde, codornices escabechadas.
Y los jueves, milagro: o cocido, queríamos decir. Si en el eterno debate sobre la tortilla de patata eres de los sincebollistas, tu templo tiene que ser el restaurante La Falda. Aquí la hacen al estilo Betanzos. Les avala haber logrado el premio a mejor tortilla de patata de España en 2025. Casi nada. Miguel Servet, 4 (Lavapiés) y Espronceda, 17 (Chamberí) son las dos ubicaciones a las que hay que acudir para probar su plato estrella: el precio es de 18 euros y da para que dos personas queden más que satisfechas. En el 2019 esta pizzería veronesa llegó a Madrid para hacerse un hueco y vaya si se lo ha hecho. Elegidos durante varios años en el ranking de las 50 mejores pizzerías de Europa, el precio de sus pizzas oscila entre los 14 y los 15 euros. ¿Nuestra favorita? La Bacio a Bologna, con mozzarella Fiordilatte, mortadela de Bolonia trufada, burrata y orégano. Es un hecho que Madrid se ha vuelto loca por los dim sum. Los que se hacen cada día de manera artesanal en Little Dragon (Reyes, 11) tienen mucho que ver con esa fiebre. Lo mejor es que los precios se mantienen contenidos, con raciones de dos o de cinco unidades, según el tamaño, que no sobrepasan los 10 euros. De trufa y cerdo, de ternera y de tomate, de huevo…
These are just objectively better screens than anything I have in the game right now. For most indiedevs improvements like this one are going to give you much more bang for your buck than anything related to marketing. You should think of marketing as a multiplier on a game’s base quality. If the base quality level is high, then optimizing for marketing is the thing to do that makes the most sense. But very few indiedevs are making games of high base quality, and so that’s not the thing they should focus on. I’m definitely not making games of high base quality, as SNKRX just looks like garbage, and most games I’ll release in the near future will similarly also look like garbage. So I really don’t need to worry about marketing that much because there are much more solid gains to be had elsewhere. The reason the gifs above look objectively better than the UI I have going on in the game now is because they just are composed better.